PREGUNTAS LANZADERA - ABPI 7
1. ¿Cómo observar, acompañar y favorecer el movimiento de los niños y las niñas? ¿Qué actitudes del adulto contribuyen a sostener su desarrollo autónomo?
Desde que los niños son pequeños ya ponen de manifiesto que son personas competentes, saben expresar sus sentimientos, emociones, necesidades, deseos, preferencias.
Hay que poner en valor sus aptitudes, prepararlos psicológicamente y fomentar su autoestima y responsabilidad pasa por que los padres y madres deben aprender a tener paciencia, empatía y confiar en ellos, sin olvidar que esta es una etapa dentro del proceso educativo, y muy importante.
Los niños y niñas, son seres sociales que “se desarrollan de manera integral, es decir, desde el movimiento, la emoción, la comunicación no verbal y verbal, y el pensamiento, procesos que se realizan en forma simultánea, por lo que no podemos promover su desarrollo a partir de acciones aisladas que fragmenten su percepción del mundo o que los limiten en la vivencia de esta integralidad”.
La autonomía comienza con la responsabilidad, cuando se habla de autonomía en los niños y niñas parece un concepto que no va dirigido a ellos. La autonomía favorece la independencia y la responsabilidad, y se fomentará acorde a la edad del niño o de la niña.
Hay que fomentarla en todos los aspectos de la vida del niño, por ejemplo, hábitos como la alimentación, higiene, salud, aspecto físico, ya que si aprenden y aprecian el saber cuidar de sí mismos adquiriendo hábitos de vida saludables, será más fácil que los integren en su vida adulta.
Según Villarreal (2013) un niño llega a la actividad autónoma porque un adulto le dio la oportunidad de conocer y explorar, puede haber sido por casualidad o porque observó el deseo y la necesidad del niño y entonces adecuar el ambiente para favorecer sus proyectos.
Emmi Pikler creó un sistema educativo basado en el respeto al niño y una actitud no intervencionista del adulto, que permite su desarrollo autónomo. Ella creía que se tenía que respetar el ritmo individual de cada individuo y asegurarle todas las posibilidades de tener iniciativas autónomas, de movimiento libre y de juego independiente. Velaba por la salud física y psíquica de los niños, teniendo en cuenta el movimiento , el aire libre y la alimentación.
Por otro lado, el desarrollo intelectual, hay que dotarlos de herramientas para el aprendizaje como libros, juegos o excursiones a espacios culturales, esto les ayudará a realizar sus tareas escolares y fomentará que sean personas más curiosas. En cuanto a las interacciones sociales, las relaciones con otros niños y adultos ajenos a la familia, ayuda a conocer el sentido de la amistad, a integrarse, a tener sus propias opiniones, a ser tolerantes, abiertos y a crear su propia personalidad.
Es necesario que los adultos cambien la mirada y se acostumbren más a observar lo que hacen, y no lo que no hacen. Cada niño y niña tiene su normalidad y si lo queremos comparar, debemos hacerlo con él/ella mismo/a y no con los demás. El rol del adulto consiste en la relación afectiva “el vínculo”, entre el adulto y el niño, y ello es fundamental para su seguridad y bienestar. Además, Emmi Pikler decía que el adulto no debe intervenir de forma directa.
Es importante que los niños tengan sus momentos de ocio, que jueguen de manera que ellos sean los responsables de sus juegos, decidan a qué y con quién juegan.
El juego es placer y expresión de lo que uno es y quiere ser, genera una necesidad profunda de buscar la seguridad o sentirse seguro frente a la realidad, frente a los miedos y las angustias que lo obstaculizan, es el “como si fuera real” pero no lo es.
El juego es representar, es también, volver a hacer presente algo que fue vivido con intensidad, es representar los momentos significativos que se viven en la vida cotidiana. Como el momento de la comida, de bañarse o acostarse, de acompañar a los padres en las actividades cotidianas como ir al mercado, a la chacra, comprar, vender, etc.). Para un niño es placentero jugar con su cuerpo, sentir y percibir un objeto, manipularlo. Es expresión de su mundo, y al mismo tiempo, una necesidad profunda de reducir tensiones para evitar el displacer.
No debemos de olvidar que para ayudar a un niño en el proceso de madurez y autonomía tenemos que pedirle que se responsabilice de tareas desde pequeño y que éstas aumenten de manera progresiva a su edad.
2. ¿Dónde y cómo pueden entrar los niños y las niñas en contacto con la literatura? ¿Cómo debe producirse el acto de compartir un cuento o un poema? ¿Podemos investir el espacio de palabras, imágenes, historias, emociones? ¿Somos capaces de transmitir la literatura para que los niños y las niñas la perciban con sus cinco sentidos?
El acto de leer no es importante sólo porque proporciona información, sino que también educa, crea hábitos de reflexión, análisis, concentración y recrea, entretiene y hace disfrutar.
Una persona con hábito de lectura posee autonomía cognitiva, es decir, está preparada para aprender por sí misma durante toda la vida.
La lectura ayuda al desarrollo y perfeccionamiento del lenguaje, mejora la expresión oral y escrita y hace el lenguaje más fluido, aumenta el vocabulario y mejora la redacción y ortografía, son estas algunas de las razones por las cuales es tan importante introducir la literatura a temprana edad.
Cuando se habla de literatura, se piensa enseguida en libros, en cambio la literatura fundada en la lectura es una fuente de conocimiento incomparable.
Los libros son un mundo que se nos abre, cuando vamos leyendo y descubriendo pensamientos, fantasías, ideas, planteamientos, etc… de distintos autores.
En las prácticas hemos podido observar que las aulas cuentan con un rincón de lectura o una biblioteca de aula que se encuentra abierta durante todo el día para que los niños en sus momentos de tranquilidad o de tiempo libre puedan hacer uso de estos sitios. Contar con estos espacios en el aula es importante porque se da pie a los niños a que disfruten de la lectura y, para ello, este rincón o biblioteca debe contar con libros que se acerquen a los intereses y gustos de los niños, así como a sus necesidades evolutivas.
Cada una de nosotras leyó, durante las prácticas, una serie de libros que creemos que cumplen con estos puntos. Estos libros son:
Un bicho raro.
Los cuatro amigos.
Por el camino.
Un bicho extraño.
Mis buenos amigos.
El viaje.
La lectura, es una afición que dura toda la vida y que puede practicarse en cualquier tiempo, lugar, circunstancia, si es presentada de la manera correcta.
También, hemos podido observar que el acto de compartir cuentos o poemas en grupo, en nuestros colegios, se lleva a cabo en las asambleas. Este momento de encuentro mejora las relaciones humanas, enriqueciendo los contactos personales, pues facilita el desarrollo de las habilidades sociales al mejorar la comunicación y la comprensión de otras mentalidades.
Da facilidad para exponer el propio pensamiento y posibilita la capacidad de pensar, nos vuelve más tolerantes, menos prejuiciosos, más libres, más resistentes al cambio, más universales y más orgullosos de lo nuestro.
Es importante que antes, durante y después de la lectura se preparen ciertas cuestiones para interiorizar en los cuentos y así ayudar a los niños y a las niñas a valorar la historia desde sus experiencias personales y desde sus emociones. Además, de que les ayude a hablar y a reflexionar sobre sí mismos y sobre el mundo que les rodea.
Como los niños de infantil todavía no saben leer o se están iniciando en el proceso de lectoescritura enfocan su vista en las ilustraciones, provocando que narren el cuento según lo que perciben. Empiezan a desarrollar la coordinación de sus ojos con las manos. Los libros cortos y más visuales tienen mucho atractivo para los niños.
Conforme leen una y otra vez sus libros favoritos, se desarrolla otro paso importante, el de juntar el sonido de la palabra con la palabra escrita. Los ritmos y los sonidos que los niños gozan cuando son infantes llevan consigo un valor mayor de alegría: les ayuda a construir su sensibilidad hacia los fonemas, un conocimiento crítico en el aprendizaje de la lectura.
Hemos podido comprobar que para transmitir la literatura a los niños con los cinco sentidos, debemos preparar y adecuar el cuento a la edad de los receptores antes de su lectura. Además de la previa lectura, debemos crear un ambiente acogedor y motivador para asegurarnos que la actividad va a tener un efecto positivo en los niños y presten atención con sus cinco sentidos.
Por otra parte, sería positivo, a medida que se va desarrollando la actividad, incluirlos en la lectura a través de interacciones mediante las cuales se sientan involucrados y partícipes.
En conclusión, estos momentos de intercambio comunicativo son claves para comprender el proceso de lectura del niño, seleccionar los materiales que posibilitan esa lectura y emprender la tarea de leer con los niños de manera que la lectura y la escritura se conecten con los sentidos.
3. Nos preguntamos por las esencias psicopedagógicas de la escuela, algo que va mucho más allá de la mera descripción. ¿Qué condiciones ha de tener una escuela que “invite” a los sentidos? Investigamos sobre las raíces psicopedagógicas del espacio de aprendizaje y concluimos sobre las claves que dan sentido a las cosas que hacemos (aprender, enseñar…). "Cuando oigo, olvido. Cuando veo, recuerdo. Cuando hago, comprendo.” Este antiguo dicho chino muestra la importancia de los sentidos en el proceso de aprendizaje. Oído, tacto, vista, gusto y olfato son los cinco sentidos a través de los cuales se estimula la actividad mental.
Rara vez sentimos solo con un sentido, nuestros sentidos trabajan juntos para darnos una imagen completa de nuestras experiencias. Los niños aprenden de forma natural con todos los sentidos. Desde el nacimiento, los niños son expertos en aprender con los cinco sentidos activos. No han aprendido a seleccionar la información de un sentido como más importante. ¡Les interesa todo! Para ayudar a que los niños consigan más en una situación, los padres deberían implicar tantos sentidos del niño como sean posibles.
Los niños aprenden que los fogones están calientes no solo escuchando a los adultos decir:
"El fogón está caliente”. Los niños tampoco aprenden acerca de fogones calientes viendo a los adultos escenificar lo "caliente”.
Ellos aprenden cuando los adultos hablan de fogones calientes una vez que los niños sienten el calor y ven la reacción de los adultos en las mismas circunstancias. Es la escucha, observación, el tacto y el lenguaje sucediendo al mismo tiempo lo que ayuda a que el niño aprenda acerca de fogones calientes.
El aprendizaje tiene lugar cuando la mente es capaz de reunir la información de todos los sentidos y hacer una conexión con un aprendizaje pasado. Utilizar muchos sentidos para adquirir información ayuda a que el aprendizaje sea más efectivo, para niños y adultos.
La intervención educativa en el ámbito sensorial consiste precisamente en propiciar todo tipo de experiencias dirigidas a la exploración y al contacto directo con el entorno a través de los distintos sentidos. Al mismo tiempo, las actividades planteadas en este aspecto, contribuirán a que el niño vaya haciéndose cada vez más consciente de sus posibilidades sensoriales. Es decir, que entienda lo que es capaz de hacer con cada uno de sus sentidos y, en definitiva, que disfrute explorando, investigando, conociendo y comprendiendo el mundo del que forma parte.
Para llevar a cabo los distintos aprendizajes, es fundamental que el niño se sienta seguro en su espacio y que sus primeros contactos con la escuela sean positivos.
Para que el niño pueda “sentir” el mundo del que forma parte, es interesante planificar también propuestas fuera del centro y en el patio del recreo exterior. De esta manera podrán percibir el entorno de forma directa.
En definitiva, sería positivo planificar actividades y estrategias para el uso y disfrute de los sentidos, utilizando los recursos más apropiados, generando un clima de afecto y un espacio cercano que favorezca el desarrollo evolutivo de los más pequeños.
El niño percibe la escuela como un lugar distinto al habitual, extraño y solo conseguirá adaptarse y disfrutarlo si logramos que lo haga suyo.
Alcanzaremos este objetivo en la medida en que logremos ofrecer cierta seguridad, creando un clima de afecto y confianza donde el niño pueda explorar libremente y expresarse.
En lo que se refiere al desarrollo sensorial, el niño recibirá todo tipo de estímulos del espacio educativo.
Desde el aula de los cero a los seis años, es importante que exista una iluminación favorable, una temperatura adecuada, que esté alejada de ruidos fuertes y además podemos contribuir a dicho desarrollo sensorial creando espacios y proporcionando materiales para los distintos sentidos.
La experiencia sensorial debe ser siempre una experiencia personal. Cada niño elaborará su percepción personal acerca de lo que oye, ve, toca, huele....
Es labor del educador facilitar los materiales necesarios para que el niño realice todo tipo de acciones sensoriales. Cualquier tipo de cualidad sensorial que se pretenda percibir requerirá los mismos procedimientos (identificar, clasificar, completar series, etc).

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